Nueva York destina otros $150 millones a subsidios para Broadway y reaviva el debate sobre el uso de fondos públicos

La decisión de Nueva York de ampliar en $150 millones de dólares un polémico programa de incentivos para Broadway volvió a encender el debate sobre el uso de fondos públicos para sostener producciones teatrales, incluso cuando muchas de ellas ya cerraron sus puertas o registraron pobres resultados en taquilla.

El programa, conocido como NYC Musical and Theater Production Tax Credit, nació durante la pandemia de Covid-19 como una medida de emergencia destinada a ayudar a la industria teatral a sobrevivir al cierre de salas y a la caída del turismoSin embargo, 6 años después, continúa vigente y acaba de recibir una importante expansión dentro del presupuesto estatal impulsado por la gobernadora Kathy Hochul.

Según datos publicados por el New York Postla partida total pasará de $400 millones a $550 millones, una cifra que ha despertado críticas de grupos de vigilancia fiscal y defensores de una reducción del gasto público. Según las reglas del programa, cada producción puede recibir créditos fiscales equivalentes al 25% de sus gastos elegibles, con un límite de hasta $3 millones por espectáculo.

Las críticas por financiar éxitos y fracasos

Entre los cuestionamientos más frecuentes figura el hecho de que los incentivos no solo benefician a producciones que atraviesan dificultades económicas, sino también a grandes éxitos comerciales que llevan años atrayendo público y generando ingresos.

De acuerdo con reportes citados por organizaciones fiscalizadoras, el programa ha respaldado espectáculos de enorme éxito como The Lion King, Wicked, Chicago, Aladdin y Harry Potter and the Cursed Child.

Pero también han recibido fondos producciones que tuvieron una vida muy corta en cartelera. Entre ellas, destacó NY Focus, se encuentran KPOP, que permaneció apenas 2 semanas en escena, y Tammy Faye, que cerró después de 29 funciones. Ambas obtuvieron millones de dólares en créditos fiscales meses después de haber bajado el telón.

John Kaehny, director ejecutivo de la organización de vigilancia gubernamental Reinvent Albany, cuestionó duramente la continuidad del programa. Según sostuvo, los contribuyentes no deberían financiar inversiones privadas en Broadway y no existe una justificación económica suficiente para mantener este tipo de subsidios.

La defensa de Hochul y la industria teatral

La administración Hochul rechaza esas críticas y argumenta que el crédito fiscal sigue siendo una herramienta clave para preservar empleos y mantener la competitividad de Nueva York frente a otros estados que también ofrecen incentivos para atraer producciones culturales y de entretenimiento.

Desde la oficina de la gobernadora afirman que el beneficio está vinculado a gastos reales y contratación efectiva de trabajadores, por lo que consideran que no se trata de una subvención directa, sino de un incentivo basado en actividad económica comprobable.

El gobierno estatal sostiene además que, sin estos apoyos, algunas producciones podrían optar por ensayar o desarrollar parte de sus actividades en otras jurisdicciones, reduciendo el impacto económico que Broadway genera para hoteles, restaurantes, comercios y servicios turísticos de la ciudad.

La industria teatral comparte esa visión. La organización The Broadway League, que representa a dueños de teatros, operadores y productores, defendió el programa al considerarlo esencial para sostener uno de los motores culturales y económicos más importantes de Nueva York.

Según sus representantes, los costos de producción continúan aumentando y la competencia por atraer espectáculos es cada vez más intensa. En ese contexto, afirman que los créditos fiscales ayudan a preservar una actividad que genera miles de empleos directos e indirectos y atrae visitantes de todo el mundo.

Los defensores del programa también destacan que Broadway ya recuperó buena parte del terreno perdido durante la pandemia, pero sostienen que la industria todavía enfrenta desafíos derivados de los cambios en los hábitos de consumo, el aumento de costos laborales y la competencia de otras formas de entretenimiento.

De acuerdo con cifras difundidas por la administración estatal, las producciones participantes han generado más de 31,000 contrataciones desde la creación del programa. Para Hochul y sus aliados, esos números justifican la continuidad de la iniciativa. Para sus detractores, en cambio, representan un ejemplo más de cómo Albany sigue financiando con dinero público a una industria que, aseguran, ya no necesita el salvavidas creado durante la emergencia sanitaria.

Fuente: El Diario