La IA no amenaza sus trabajos… pero un solo salario ya no alcanza para vivir en Nueva York
Cuando el ecuatoriano Próspero Solís llegó a la Gran Manzana en 1970 persiguiendo el “sueño americano”, le bastaba un solo trabajo para progresar y vivir dignamente, sin lujos, pero también sin la presión constante de que el dinero no alcanzara.
“Recuerdo que mi primer trabajo era lavando platos en un restaurante, ganando 100 dólares a la semana. En el Subway se pagaban 10 centavos. Ahora ni con tres trabajos la gente puede llevar una vida tranquila. Esto está carísimo. La nueva generación y los nuevos inmigrantes la pasan muy mal”, relató el jubilado serrano.
Más de medio siglo después, su comparación resume el deterioro de una promesa que atrajo a generaciones de inmigrantes a Nueva York: que el trabajo constante permitiría avanzar y alcanzar cierta estabilidad.
Hoy, mientras crece la preocupación por los empleos que podrían desaparecer con la inteligencia artificial, los trabajadores hispanos que limpian, construyen, cocinan, sirven alimentos, conducen vehículos y cuidan enfermos o adultos mayores enfrentan una presión mucho más inmediata: conseguir un segundo, y a veces un tercer, ingreso para sobrevivir en una de las ciudades más costosas del país.
En medio de las crecientes advertencias sobre los miles de empleos que la inteligencia artificial podría eliminar o transformar, buena parte de la clase trabajadora inmigrante de Nueva York observa esa amenaza desde una realidad distinta.
Muchas de esas labores, basadas en el esfuerzo físico, parecen estar menos expuestas a una sustitución masiva por sistemas de automatización. Pero eso no significa que quienes las realizan disfruten de seguridad económica.
Para estos trabajadores, el problema más inmediato no es necesariamente perder su puesto ante una máquina, sino que el ingreso de un solo empleo ya no sea suficiente para pagar la renta, comprar alimentos, transportarse y cubrir las demás necesidades básicas en Nueva York.
Recuerdo que mi primer trabajo era lavando platos en un restaurante, ganando 100 dólares a la semana. En el Subway se pagaban 10 centavos. Ahora ni con tres trabajos la gente puede llevar una vida tranquila. Esto está carísimo. La nueva generación y los nuevos inmigrantes la pasan muy mal”Próspero SolisJubilado ecuatoriano
El peso de la renta
El salario mínimo de la ciudad aumentó a $17 por hora en enero de 2026. Una persona que trabaje 40 horas semanales durante las 52 semanas del año recibiría aproximadamente $35,360 brutos al año, antes de impuestos, según el Departamento de Trabajo de Nueva York.
Asimismo, y cruzando otros datos, de la Calculadora Salarial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) estima que un adulto sin hijos necesita ganar alrededor de $38,21 por hora en la Gran Manzana para cubrir sus necesidades básicas. Proyectada a tiempo completo durante un año, esa cifra equivale a cerca de $79,470 brutos anuales, más del doble de lo que deja el salario mínimo legal.
Esa distancia se ha ampliado además por la histórica presión del mercado de vivienda. La renta promedio en la ciudad de Nueva York llegó a $3,707 mensuales en el segundo trimestre de 2026, un 4.6% más que un año antes, según datos de Realtor.com.
En Manhattan, la renta mediana del mismo período se disparó hasta $5,117, mientras que en El Bronx se ubicó en $3,171.
Un reporte previo de StreetEasy había situado la renta media en la ciudad en $3,616 durante el primer trimestre de 2026, un alza interanual de 6.2%, y calculado que alquilar una vivienda disponible hoy exige un ingreso familiar de referencia muy por encima de lo que gana la mayoría de los hogares hispanos.
“Un trabajo no es suficiente”
Un testimonio que sustenta esta vida de sobrevivencia lo dibuja claramente Luis Aguirre quien ha observado una “caída libre” durante los últimos 28 años en la industria de la construcción.
Cuando el trabajador mexicano llegó a Estados Unidos, cuenta que consiguió un empleo sindicalizado y bien remunerado que era suficiente para sostenerse, enviar dinero a México e incluso construir una vivienda en Puebla. Ahora contempla una realidad muy diferente entre sus propios hijos.
“Lo que observo es que mis hijos, jóvenes, fuertes y más educados, tienen que hacer varias cosas para poder sobrevivir. Con 28 y 30 años les cuesta mucho pensar que pueden ser independientes”, relató.
Aguirre considera que es “apenas un buen recuerdo” una de las promesas que durante décadas atrajo a millones de inmigrantes: la posibilidad de alcanzar estabilidad mediante el trabajo constante.
“Híjole, hace unas décadas se pensaba que con trabajar duro se podía vivir aquí decentemente y enviar dinero a casa, pero la realidad ahora es otra. Apenas sirve para medio cubrir los gastos aquí”, afirmó.
Esta experiencia refleja una transformación generacional que también aparece en las estadísticas nacionales. Según cifras de ingresos de la Oficina del Censo para 2024, el trabajador hispano registró un ingreso medio anual de $50,430, un 4.9% más que el año anterior. Pero un trabajador hispano de tiempo completo gana en promedio $984 por semana, unos $51,168 al año, según datos del primer trimestre de 2026 del Buró de Estadísticas Laborales (BLS).
Esa cifra queda unos $279 semanales, casi $14,500 al año, por debajo del ingreso promedio de un trabajador blanco no hispano.
Cuidar enfermos y limpiar oficinas
Sobran las historias. La ecuatoriana Juana Barrios, una madre soltera con dos niños menores, también realiza uno de los trabajos más indispensables de la ciudad: atiende a adultos con necesidades de cuidado en sus hogares.
“A pesar de tener un trabajo de gran responsabilidad, los ingresos no me permiten pagar todo. Ya antes de que se termine la quincena estoy casi en cero. Y este año ese hueco se ha hecho mayor”, explicó.
En las noches y los fines de semana Juana acepta trabajos de limpieza en casas y oficinas, siempre que algún cliente la llame.
“Hay semanas en las que solo tengo libre el domingo en la tarde. Es trabajar y trabajar para apenas cubrir los gastos, sin poder ahorrar un centavo”, lamentó.
Su rutina muestra otra dimensión del pluriempleo: no siempre se trata de dos plazas formales con horarios definidos. Para muchos inmigrantes consiste en combinar un empleo principal con limpiezas ocasionales, entregas, cuidado de niños, conducción, preparación de alimentos o cualquier oportunidad disponible después de cumplir su primera jornada.
Ni 18 horas semanales
El caso de Juana no es aislado dentro de la industria del cuidado domiciliario. Una coordinadora de una empresa aseguradora de cuidado a largo plazo, que gestiona la asignación de personal a pacientes, explicó a El Diario que las restricciones cada vez más estrictas que Medicaid aplica para asignar trabajadores domiciliarios, los llamados home attendants, están reduciendo directamente las horas disponibles para este tipo de empleados, al punto de que muchos ya no logran completar ni siquiera una jornada de 18 horas semanales.
“Los nuevos protocolos de análisis de la agencia federal para asignar un personal a un paciente ha agravado aún más la situación laboral. Vemos que cada vez más personas renuncian a trabajar en esta área y los que continúan combinan manejando para Uber, deliveries de comida o con trabajos de limpieza. Es lo que principalmente he visto en los últimos meses”, señaló la coordinadora.
El resultado, según describe la coordinadora, es una salida silenciosa de personal capacitado hacia plataformas de conducción y entrega, precisamente los mismos empleos flexibles que otros trabajadores hispanos usan como segunda fuente de ingreso.
Propinas que ya no alcanzan
Algo similar, aunque por razones distintas, ocurre entre los trabajadores de restaurantes que en Nueva York no reciben directamente el salario mínimo por hora, sino que dependen en buena parte de las propinas para completar sus ingresos.
Bajo la ley estatal, los empleadores del sector de hospitalidad pueden aplicar un “crédito por propinas” que reduce el salario en efectivo que pagan directamente, siempre que la suma de ese salario más las propinas alcance el mínimo legal de $17 por hora. Si las propinas no alcanzan, el empleador está obligado a cubrir la diferencia.
En la práctica ese ingreso variable deja a los meseros expuestos a los vaivenes del flujo de clientes y muchos aseguran que “no se pueden dar el lujo” de tomar días libres. Para compensar, un número creciente complementa manejando taxis o aplicaciones de transporte, haciendo entregas de comida o extendiendo sus turnos con horas extra.
Un mesero venezolano que trabaja en un restaurante de la Avenida Roosevelt, en Queens, cuenta que tenían grandes expectativas puestas en la Copa Mundial de Fútbol, pero que el flujo de clientes apenas creció en algunos días puntuales.
“Estamos terminando un verano en donde aquí en Queens, en muchos restaurantes, los meseros duramos horas viéndonos las caras. Las propinas han descendido mucho, por lo cual la tendencia es que cada vez ganamos menos. Estoy en emergencia. Necesito buscar otra opción porque no me dan los números para pagar siquiera lo básico”, relató.
Datos duros
Las estadísticas nacionales muestran que el fenómeno del pluriempleo está creciendo, particularmente entre las mujeres hispanas y en un contexto de mercado laboral que se ha vuelto más frágil para la comunidad latina en general.
En julio de 2026, aproximadamente 1,27 millones de trabajadores latinos en Estados Unidos tenían más de un empleo, frente a 1,20 millones en julio de 2025, según el BLS. La proporción pasó de 3.7% a 3.8% de los hispanos ocupados.
Un análisis posterior con datos de junio de 2026, ubicó la cifra en 1,35 millones de hispanos con dos o más empleos, un aumento del 12,76% en apenas doce meses.
El aumento se concentró entre las mujeres. El número de latinas con múltiples empleos pasó de 533,000 a 637,000 en un año, un crecimiento cercano al 20%. Su tasa de pluriempleo subió de 3.7% a 4.2%. Entre los hombres hispanos, por el contrario, la cifra descendió de 665,000 a 632,000, según el BLS.
Hay que aclarar que estos datos son nacionales y no permiten determinar cuántos de esos trabajadores residen específicamente en Nueva York.
Empleos esenciales, pero de baja calidad
Asimismo, una investigación de la Contraloría de NYC refuerza la dimensión local del problema. En 2023, apenas alrededor del 19% de los trabajadores hispanos de Nueva York tenía lo que el informe define como un “buen empleo”: una plaza con remuneración suficiente, estabilidad, beneficios y condiciones laborales adecuadas. Entre los trabajadores blancos, la proporción rondaba el 50%.
El reporte también concluyó que aproximadamente una cuarta parte de los trabajadores de la ciudad no tenía un empleo estable, a tiempo completo y durante todo el año. Entre quienes trabajaban a medio tiempo, la tasa de pobreza alcanzaba el 19.4%.
Esto significa que una persona puede aparecer oficialmente como empleada, e incluso acumular más de 40 horas de trabajo semanal repartidas en dos o tres empleos, y continuar atrapada en la inseguridad económica. Tener ocupación no necesariamente implica contar con horarios garantizados, seguro médico, vacaciones pagadas, días de enfermedad o capacidad para ahorrar para el retiro.
Pluriempleo en EE.UU:
- 1,35 millones de hispanos en Estados Unidos tenían dos o más empleos en junio de 2026, un aumento de 12.76% frente al mismo mes de 2025, según el Buró de Estadísticas Laborales (BLS).
- 1,27 millones de trabajadores latinos en el país tenían más de un empleo en julio de 2026, frente a 1,20 millones en julio de 2025.
Fuente: El Diario